jueves, 27 de abril de 2017

Designio de acero

Designio de acero

Cabalgó forzando a su fiel corcel para alcanzar la ciudadela de Alote, más allá del denso bosque negro, esquivando las avanzadillas del enemigo pues les bastó menos de un día para derrotar las columnas de los cuatro bravíos...
El capitán Argente ha llegado, Milord. Desea audiencia urgente con vos.
Hacedle pasar.
Resonó su armadura a cada tranco decidido, mostrando el delirio padecido en el campo de batalla con las salpicaduras malva, el reseco barro adherido, su rostro herido y mirada de hielo. Desenvainando a la invicta por no conocer derrota para depositarla en el suelo cual muestra de respeto hacia el bondadoso monarca...
Pronto rompieron nuestras líneas encapotando de flechas el cielo, ergo atacó su caballería pesada por ambos flancos aniquilando a nuestros arqueros...
Mi fiel amigo, bastaba con decir derrota.Abandonando trono.Proteger a los inocentes será nuestro último designio...
No tenemos ejército, Milord. Nos aplastarán como a moscas tullidas...
Es nuestra hora, esa misma que nunca será recordada. Reuniremos a todos nuestros efectivos en la estrecha de entre murallas para impedir la lluvia de flechas. Es embudo perfecto...Debemos resistir al máximo para que las mujeres y niños tomen distancia...
Es un suicidio, Milord.
No, amigo mío. Es nuestro deber. Tened presente no buscar la victoria ni anegar los ánimos para batallar como derrotados. Usaremos el dominio de la mente aniquilando con el acero hasta caer. Con suerte aguantaremos los suficientes minutos para hacerles creer que no somos hombres, más bien diablos.
No sabría cuantificar las fuerzas del monarca, puede que fueran 50 o puede que 49, 51...Pero gesta encendió la mecha de la leyenda que cantan juglares, cuando las hordas enemigas avanzaron confiadas entrando en la dentada embudo. Trece días con sus noches resistieron los sacrificados que fueron considerados monstruos infernales por el enemigo...
Rey protegido por su ejército de un solo hombre, ambos famélicos y agotados, urdieron su última hazaña galopando en carga contra cientos. De aquel reducido grupo de valientes sólo sobrevivió su gesta convertida en la leyenda del designio, o el designio de acero.

PD. Hay batallas perdidas que muestran la convicción humana. Esta historia es ficticia pues para encontrar a reyes que pagaran con su vida salvar a sus feudatarios, nos tendríamos que remontar casi hasta la era de las cavernas.
No obstante de los pocos, sirve la muestra del compromiso hasta las últimas consecuencias.
Me despido no sin antes desearte de lo bueno lo mejor con un hasta entonces, hasta ahora.


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© Dadelhos Pérez