miércoles, 9 de marzo de 2016

El Iluminado

ILUMINADO por Dadelhos Pérez

Imaginad lo inmenso reducido en botella zarca de bello tallado a manos de artista del vidrio. Una imagen en movimiento quieto, emanando desde cualquier adentro experimentado que sabe apreciar hasta la más leve pequeñez, valorando sentido que comienza con el inicio del sinsentido que te deja la vida en el paladar… Esa que te acuna… Esa que te ama, te adula, mece, apacigua, enrabia, empuja, ahoga, rescata y te marca la tersa piel de la cara con arruga tara por cada batalla perdida o medio ganada. No hay más verdad engañosa que la egocéntrica. Todos y todas somos alumnos en la clase sin dogma del terremoto existencial, un segundo en una década, un suspiro soledad, una estrella fugaz en noche encapotada, miseria frente a la magnificencia que no lo sería sin nosotros, los miserables que llenamos novelas con nuestra aventura sentenciada desde el mismo momento de nacer.
¿Verdad que nada ni nadie pone límites a lo que imagináis? Y no es por extrañas magias ni por la intervención divina, ya que la divinidad real se encuentra debajo de piedra, en las orillas de cualquier riachuelo; en las risas y sus adversos llantos, en lo ancestral moderno, en lo redundo que redunda impregnando de lo mismo el todo que os constituye. El de adentro, ese que imagina gerente sin oposición gracias al de afuera, ese otro que vislumbra contando al interno las maravillas y desdichas que este filtra impaciente y esforzándose de tal manera, que no le importa si dormís o trabajáis, él sigue y sigue descifrándose, conociéndose, conociéndoos. Llevado por locura, como si el tiempo corriera en su contra, preocupado y a veces del todo desquiciado insufla malhumor que enquista la ensoñación que debiera ser la existencia para cualquier ser vivo, esté o no en este diminuto y ridículo punto azul perdido en el vasto… El universo que almacena ingente cantidad de inerte frente al reducido privilegiado existencial… Y el sabio hombre pierde el tiempo asesinando en guerras, capitalizando lo que no le pertenece y llorando dramas con excusas vanas y un “si lo hubiera sabido”.
El ideal no es palabra escrita en tinta imborrable que perdura siglos y siglos, aunque os alienten que la verdad se esconde tras esos versos, esas odas catastróficas que juegan con la vida y la muerte bautizando buenos y malos. Porque de ser así, entonces nacieron de la nada preñando los pergaminos iluminados, paparruchas románticas de idos que jamás fueron.
Esas letras nacieron de vidas reales, de momentos glorias cuan beso de madre aterrizara en mejilla quedando grabado en la memoria hasta el último momento, la expiración, la muerte o la parca; el final de los finales, el día del juicio, la victoria de los avernos… Tanto es así, que cuando dejéis de respirar engullidos por el apocalíptico mal interpretado, la vida continuará maravillando desde su hermosa botella zarca en bello cristal tallado por manos de artista del vidrio.
¿Sólo le preguntaba si quería el café con o sin leche?
Solo, lo tomaré, solo. ¿Cuánto es?
Tranquilo, señor. Invita la casa. Pero se lo suplico, busque otra cafetería, no vuelva por aquí.
Descuiden, no volveré. Gracias.