EL PIANISTA Y LA POETISA (Micro/Romance)




EL PIANISTA Y LA POETISA (Micro/Romance)
Mi nombre importa más bien poco, y no se ofenda, señora. Pero, ¿de qué serviría seguir el protocolo a pies puntillas? Al fin y al cabo soy uno más, otro pretendiente que se acerca en busca de sus mieles por no llamarlo, favores. Nunca me gustó adjetivar el romanticismo del cortejo aunque lo nuestro sólo sea un mero acercamiento.Posó la copa sobre la redonda mesa sentándose en el taburete vacío, mientras ella lo miraba sorprendida por el dulzor de sus voces, todo un trovador que busca, pensó. O al menos provoca la situación que anhela.Las palabras son poderosa arma para todo, pueden encandilar y cambiando una coma, encolerizar al oyente. Por eso testo cada mensaje que mis incansables neuronas fabulan en odas, prosas y demás estilos; es trabajo arduo, señora. Dejad que me presente como lo haría un antiguo, frente pretendida.
No te hace falta, con la entrada ganaste mi atención despertando curiosidad, hasta ahí te indico, el resto del camino tendrás que realizarlo solo.Finiquitando su intervención sorbiendo delicada de su cóctel elegancia de atractivo color. No tanto como el grosor de sus labios humedecidos por el brebaje de moda, o su cabello recogido que mostraba atrayente piel cuello en vértigos que llamaban igual que cánticos de sirena en alta mar.No te cortes, poeta. Saca alguna composición improvista sin apartar tu mirada entristecida de mis ojos.
Mejor en do menor, señora. Permitid que os invite a sentaros junto al viejo piano de muestra, en el escenario donde no se representa más que lienzo antiguo en el mundano moderno. A no ser que os pueda la vergüenza de ser observada por los presentes, algo que entendería pues todos y cada uno de ellos, están afectados por el mismo mal.
¿Tú no?
Soy salmón amartelado que sube contra corriente buscando a su reina, un loco que lee, escribe y se amartela sólo con la idea de plasmar en el plano real, cualquiera de mis quijotadas. No temáis, disfrutad de la alabanza aún no compuesta junto al viejo piano... Que sean las caricias de mis dedos en las teclas del marfil las que hablen por mí, mientras las otras, esas penetrantes de vuestra mirada, acarician mi alma.
Entró con acorde en do menor acelerando en múltiples notas, hasta quedar en el regazo de melodía que despertaba sentires en los que deseaban sentir. Mientras la hermosa observaba su quehacer dejándose llevar por la inspiración que compartía durante más de media hora.
Fue bello mientras duró, poeta.Agarrando la mano del adicto a la ensoñación para acercarla a su corazón acelerado.Ahora, acompáñame al rincón solitario donde inspiro y comparto, amigo. Yo también se componer música, acariciando los sentidos de tu piel, besando el verso de tus labios, amando la oda que nos convertirá en románticos entregados, una dulce balata de amor desenfreno, pasión vida...
®Dadelhos Pérez