Cochinos (Micro/romancero/humor)

Cochinos (Micro/romancero/humor)


Gesta en gesto y de éste canto, cuando con laúd armado paseaba por la plazoleta ciudadela entonando desventura primero. Luego, tras alcanzar el portón del templo, descansar cesto para monedas y danzar delirante frente al otear constante de propios y extraños; comenzara entonando calenturienta historieta de carnes con carnes y besos diversos en destello verso, eso sí, amagando directos para soltar insinuaciones insustanciales y sin argumento… Fuera algo así…
Dama o damisela, hermosa, bella, dada, prestada o necesitada… Todo valía pues a todo le daba… Perseguía salivando entre las callejuelas del barrio de a céntimo, barra visita y propuesta arrojaba viendo el huir espantado de las féminas… ¿Mal fario?... De eso nada, os lo asegura quien observara desde distancia prudencial, puesto que el galán no lo era tanto al estar urgentemente necesitado de agua y jabón, destilaba pestilencia de semanas o meses, imaginad como tenía los dientes o el espadón… Hasta que una de tantas, puede que igual de desesperada, entrara en busca del desatascador endurecido…
(Rieran los avispados, sonrojaron las descaradas y se aburrían los niños)
Tengo manteca, dijo la obesa voluminosa con pitones pechos y cascada húmeda entre sus centros corporales, los cuales, seguían la misma doctrina de eterna huida frente al déspota jabón y su aliada agua.
Tengo manteca y me ofrezco como esclava si clava y clava el clavo erecto en el hueco centro con postura intermitente… Primero de pie, a cuatro patas, debajo o encima, de lado, a distancia, colgados en la lámpara, en la cuadra o en el catre, la silla, el suelo, la terraza, el baño…(Silenciando rotunda con cara nauseabunda tras pronunciar el nombre de su averno, rectificara ergo)… Bueno, saleroso que oléis a pordiosero, en el baño yo no entro por ser peligro que moja, y no de la misma manera que me mojo o me pueda vos mojar.
Creo, pienso, pudiera o fuera… Balbuceara sorprendido por la cercanía de la hembra… Que tan dulce cantinela me ofrecéis desde el sucio decoro, puesto el aroma a rancio que desprendéis me recuerda al recordado… Me refiero a mí, señora mía, enemigo acérrimo de la piel expuesta al espumoso para terminar con aclarado, menuda tortura… ¿Jugamos?
Jugamos, soltó afirmación quitándose el velo que eran sus vestiduras que andaban pegadas cual cartón mojado en el suelo, tras tres días de imperante sol desquiciante… Incluso sonaba horrendo cuando se deshizo de las bragas moteadas del verde mohoso (sinceramente, me tapé los morros ante tanta hediondez)
No hay cielos iguales para todos los diferentes, ni infiernos asfixiantes, aquellos dos distintos encontraron iguales uniendo delirios con sus carnes, durante los edenes malolientes capaces de espantar incluso a las moscas.
Fuera acto, sentados, tumbados, acachados, doblados, subidos y bajados… Llegando la quinta escapada blancuzca e intermitente que manchó a la manchada inundando su vientre tras estremecer pieles en la pequeña muerte conocida como orgasmo… En su caso del guarro por la evidencia…
He aquí la verdadera esencia que enmascara el acto indecoroso que muchos acuñaron cual vicio viciados, desde el pulcro con sotana hasta el perdido que hueco fémina encuentra, alquila, seduce, tropieza o imagina…
Una historia calenturienta que describe lo que no gusta y llena, lo negado que se practica, lo bajo que siempre es álgido… Siendo la nula higiene de los alocados personajes las crueles hieles en mentes salvajes que critican la natura del acto condenando, para reglón seguido buscar hueco donde meto y saco…
Seis monedas me faltas en el cesto, si cayeran rascaría las cuerdas de mi laúd y narraría la verdad del ronce donde carnosos labios despiertan enfurecido volcán…
Y no cayeron seis, más bien cincuenta, una por cada oyente asistente e interesado en ese plato prohibido que es divino y está encasillado cual pecado carnal, hipocresía en los tiempos de la hoguera inquisición o en esos otros de las pantallas lumínicas adorando a la diosa internet…
Espero no haber aburrido con este mal cuento, sin más; me despido para entrar en el baño y frotar con ansia mis pieles…
®Dadelhos Pérez (La ranura de la puerta) 2016
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