Paseando por Madrid


L
legué con los párpados marcando cansancio junto a las ojeras evidencia en sábado de reencuentros. Viaje relámpago que aproveché con la convención de María para encontrarme fugazmente con Noelia, vieja colega de letras que conocí hace años en Puerto Ordaz (Venezuela) y seguimos manteniendo contacto por correo electrónico.
Fuera parca hora sentados en un pequeño establecimiento allá en el barrio de Malasaña a pesar de mi repulsa por frecuentar cafeterías (prefiero pasear o conversar en banco parque) donde denotó la sabiduría casi infinita de la enorme poetisa (y amiga) enlazando fluida parla por poco radiofónica con argumento vivido y destello hechizo en sus ojos esmeralda.
Le conté novedosas compartiendo las suyas entre sorbo de café y sonrisa dibujada en la tez de almas unidas por aprecio sin contraprestaciones.
No pudo evitar solicitarme que leyera a media voz un poema, juego que desde el primer minuto compartimos, empecinada en su idea de que cuando alcanzo el segundo párrafo dejo de leer para vivir el escrito. Me cedió el libro besando mejilla y soltó…
― Venga, viejo. Dale vida, regálame un minuto.
Son pequeñeces que alimentan amistades verdaderas, y accedí abriendo el poemario para iniciar la lectura sin apartar mis ojos del papel…
Lo extraño brotó a los segundos pues la barahúnda del pequeño local (4 mesas) silenció cual toque magia. Acabé alzando mirada para vislumbrar la cara gozo de Noelia sorprendiéndome aplausos de los pocos que poblaban la cafetería (confieso que me abrumó tanto que decidimos abandonar la sala y pasear hasta la avenida)
Nuestra despedida resultó dolorosa, siempre ha sido así, nos miramos a los ojos para fundirnos en abrazo, besos mejilla que tocan alma y un hasta ahora.

P.D. No siempre fue así mi vida, nada es perfecto, caminé entre tumultos que se ignoran e incluso llegué a bailar con el diablo. La cuestión es que deshacerme de escudos y corazas construyendo verdades en mi cotidiano, sembró amistades puras que siempre albean sonrisa alejada de esperanzas pues no existen esperas.
También gané el regalo de María entre escueto vasto que compone mi microcosmos.
Sin más que todo lo expresado desde la vida de este humilde en directo, me despido no sin antes desearte de lo bueno lo mejor con un hasta entonces, hasta ahora.
©Dadelhos Pérez