jueves, 21 de enero de 2016

Venciendo imposibles


VENCIENDO IMPOSIBLES

¿Qué cómo llegué aquí? Es una simple historia repleta de recodo complicado; bueno, en el más nítido de los lienzos a pesar de distinguir cada detalle, si te acercas pegando la cara a la tela todo es abstracto aunque no confuso. Mi profesor de historia decía que eran las sombras, y que las sombras existen por el imponente astro adverso a sus naturalezas que las proyectan cuando cualquier objeto interfiere, se encuentra entre ambos. En mi caso, fue Margarita; la princesa sin corona ni castillo que despertaba vida con un mero gesto, encendía deseo con sólo una mirada. La reina del querer que sintiera, igual que canta el romancero de Rodrigo.

Las sombras dan matiz al argumento luz de toda una vida, así llegué hasta aquí; persiguiendo esa luminaria esperanzado, sin apenas darme cuenta, casi con los ojos cerrados... No me gustaría redundar en palabras, espero que pueda disculparme en su justa medida, tampoco deseo condescendencia, de eso le aseguro que tendré a raudales cuando me paseen dentro de la caja de pino.

Lo importante, el núcleo, la estrella orbital... Quiero decir... Mi razón no entiende más que volverla a encontrar sin importar imposibles, aunque me tachen de loco ido, ese que marcha para seguir marchando sin ánimos pendencieros, sin venganzas niñas; sanado por completo de los males humanos al desatar el nudo garganta hecho por el ego junto a la coraza rancia de protección, esas memeces las superé hace demasiados años, décadas; una coraza te encierra con el enemigo y tira la llave... Es cómo aprisionar a una linda gacela con hermoso león, pasará lo evidente, uno se come al otro y muere con mirada entristecida por inanición y echando de menos a la merendada, apiadándose de ella, aflicción pura y dura pese a las normas de la vida. Pues adentro, lo mismo; surge esa voz desconfiada que sólo sabe mirarse el ombligo, tachando a todo Dios de canalla, traidor, busca bolsillo, pirata o mala persona... Y no es así...

...Un hombre armado entra en un banco y atraca, ante la justicia es un delincuente, cierto, y quitando a los profesionalizados, que los hay; las luces y sombras que le llevaron al acto no fueron malas, más bien, desesperadas... Cómo las mías...

Señor, no entiendo que pretende, esto es la sala de urgencias del hospital central.

Lo sé, canalla... ¿Creías que estaba divagando? ¿No serás uno de esos que asienten sin escuchar?, ¿verdad? Cómo te decía, no me importan los imposibles con tal de estar a su lado, y si es inalcanzable, al menos saber que la felicidad rebosa de tal manera en sus adentros que sale a chorro por cada poro de su piel canela... Creo que no pido demasiado, ¿usted, qué cree?

Mejor, mucho mejor sería si bajara esa pistola, nunca me gustaron las armas, me ponen nervioso.

Mi Margarita está ingresada en este centro, lleva años esperando un trasplante que no llega, agoniza inerte en la cama de serie y enchufada a esas máquinas, con tubos de plástico.... La última vez que hablé con ella, hace dos meses y tres días, me susurró debilitada... “Hasta la eternidad”... Pero como te conté, no me importan los imposibles, muchacho, nunca me importaron... Yo soy compatible con ella en todo y mi corazón se lo entregué mucho antes de que nacieras, hijo... Llama al cirujano...

¡¡¡No, no, no!!!


Venciendo imposibles:
...Mano alza con hierro noche mientras sus candiles proyectan esperanzas, su boca pasa sonríe. Colocando en sien la plegaria de vida para Margarita que desfallece, apretando el gatillo que cambia sentido a la muerte, la cual, prescinde de la anciana decadente y se lleva al viejo enamorado. Olvidando al prendado extirpado casi de inmediato para dárselo a la reina, mientras la parca se conforma con llevarse casi todo de él, y un pedacito de ella...”


Dadelhos Pérez