martes, 2 de febrero de 2016

EL CAMINANTE por Dadelhos Pérez


Mis zapatos matan suela entre los juncos de la rivera y los llanos secanos, puesto que camino nunca acaba presentando horizonte que llama, clama silencios que rompen los susurros del pensamiento viento cual caricia vida. No albergo segundos de sobra en los bolsillos de mis pantalones. No hablo en oraciones frente a deseos que vaguen más allá del siguiente paso, más allá del descanso en noche que advierte tan consecuente, que me tumbo al borde camino sea o no asfaltado, bacheado o intransitable. Porque en el frente yace la esperanza del esperanzado o esperanzada que espera, hundiendo mirada en la nada y ensoñando el posible de su presente imposibilitado. Entonces suelto airado, llego tarde aunque siempre alcanzo.

Viera siembras trabajadas en jornadas exhaustas que doblegan al noble. Viera látigo invisible que corroe sus bolsillos maltrechos. Sintiera el sudor que resbala por sus frentes contagiando la propia en zozobra impaciente del paciente que observo. Entonces suelto airado, ya llego.

Camino cumbre que reluce luna entera en destello suave y gélido, en abrazo solitario del que pierde minuto a cambio del segundo que llena completo su alma. Camino que trazo en cada tranco relajado mientras soporto el peso ajeno en mis espaldas, llegando al nuevo llar adonde paso repito entrando escondido en mi invisibilidad latente. Me siento a su lado y escucho el milagro que espera el niño, que tumbado en humilde lecho de cuarto estrecho contempla la llena imaginando lo que imagino.

Las gotas de rocío, las otras más presenciales, el cristal en vaho parco en los extremos del vidrio pantalla y las estrelladas casi anuladas por el candil lunero, acercan el momento que no ansía el pequeño puesto que dormido no controla pensamientos aunque duerme, se rinde, asciende al quinto cielo que es la esencia de perfecto mundo sazonado con azúcar que no empalaga, la sal dicharachera, el algodón cielo inmóvil donde cohabitan al mismo tiempo la llena y el astro día para enseguida, entrar mostrando sonrisa que él acepta porque yo lo acepto.

Soy gemelo de la pesadilla que horroriza tras día horrible, aunque mi esencia vaga más plena por lo apacible del dormido. Soy el segundo temido que resta miedos e imparte alegrías, venzo a lo esperado desde la esperanza imposible y beso mejilla del infante. Soy el último momento del camino de cualquiera, el amo de la nada repleta y atiborrada del todo deseo sin anhelo que cuarte o distancie. La plenitud más densa de vida. La verdad que jamás fue escondida en aquellos tantos que sucumben en sus noches finiquito, abandonando la carne en sueño plácido y entrando convencidos en el sopor eterno cual niños, pese a ser ancianos desdentados y ahogados en la soledad vida.


Mis zapatos matan suela entre los juncos de la rivera y los llanos secanos, la rivera cual vida que se escapa arrebatada por las conveniencias felices del sueño que regalo y los secanos, esos mismos que quedan inertes en el lecho solitario de los que sufren y mueren… Mis zapatos matan suela de los que esperan esperanzados mi llegada aun negando la verdad verdadera, puesto cuando arribo ellos mueren en la vida conocida para despertar en la etérea, mi reino apacible del descanso eterno.