lunes, 15 de febrero de 2016

REY MALDITO Capítulo 10º, “Los reyes Tizón.”

REY MALDITO por Dadelhos Pérez.
Capítulo 10º, “Los reyes Tizón.


Todo no está perdido mis queridos huéspedes. Puede que enfrente se alce ingente ejército voraz, algo con lo que contaba Silvyna. Demos gracias a la inteligencia de la hermosa princesa del reino del norte por caer en cuantos escollos podían aparecer por el camino.Informó el duque invertido sentándose siempre con sus amaneradas formas.
¿Qué queréis decir?
Mi buen amigo, Lobo; sois un excelente estratega en el arte de la guerra sin lugar a dudas. Puede que me hubiere gustado culminar nuestra romántica relación en los Almos, ¿recordáis? Erais un joven apuesto...
¡Duplóh! Dejaros de enredar con vuestras debilidades sabidas en los reinos conocidos, y tened la bondad de comportaros como el bravo guerrero que sé que sois.—Arremetió ganado por la nefasta situación, esperando escuchar milagro de los labios carmín del cuerpo esquelético y tez maquillada.—¿Qué planes tiene la señora?
Levantó caminando de puntillas hasta adentrarse en la sala de armas canturreando cual desquiciado que desquiciaba al ofuscado general, el cual, no conseguía vislumbrar mejor salida que defender las murallas esperando la muerte. Adelha, oliendo el desplome del máximo mandatario militar, lanzó daga que clavó habilidosa en el marco puerta, a pocos centímetros del desviado bailarín.
Hablad claro y dejaos de niñeadas, señor. ¿Está aquí mi madre?
Avizoró sobre la hermosa deteniendo su absurdo al son pareo que agarraba la envainada, tentado. Duplóh, no estaba acostumbrado a rebeldías de ningún tipo; es más, solía hervir en enorme cazuela de cobre a cualquier vasallo que osara o entendiera el duque que osó. Pidió que todos regresaran a la sala para informar con pelos y señales las órdenes que la cobriza Silvyna le dio semanas atrás.
Pronto cambiaron las caras derrota al entender la laboriosa treta diseñada por la amante del rey Godofredo, adoptando cada cual su papel en la obra teatro con espectacular final heroico, al mismo tiempo que el suboficial de guardia entregó al general Lobo, la invitación en pro de las condiciones para rendir plaza.
Anunciad al mensajero que acudiré a la hora fijada.
Sí, señor.
La decisión no tuvo pegas por parte de sus oficiales, al general le acompañaría el joven Assin y dos de sus consejeros. Rigodón, prepararía la caballería pesada con lanzas largas. Duplóh, defendería las murallas con mil efectivos, casi el grueso de todas las fuerzas. Y Adelha comandaría ciento veinticinco arqueros y ballesteros equipados con suficientes pertrechos como para pasarse cincuenta años disparando flechas y saetas.
El resto, los quinientos de la columna Miedo, lucharían bajo las órdenes del general Lobo y su segundo recién nombrado, el capitán Assin. No obstante, pese a la perfección del plan trazado por la hermosa Silvyna, el galo propuso utilizar el secreto del fuego griego con las siete catapultas del bastión cuando el enemigo cargase con su caballería pesada, su mejor baza. Al explicar lo destructivo y desmoralizador, que al estrellarse, esparramaba el alquitrán candente hacia todos los lados causando numerosas bajas y asustando a las bestias uniformadas con armaduras.
Lució sus mejores galas para encontrarse con el duque Dorth, incluso se colocó el viejo yelmo con la efigie del lobo que el rey le regaló en su última contienda, cuando todavía rebosaba de añorada juventud. Para montar impávido corcel tras revisar la columna miedo que esperaba orden a las puertas de la muralla. Al frente, a unos quinientos metros; tres jinetes aguardaban su llegada bajo el inconfundible estandarte del traidor.
Los cuatro adictos al rey Godofredo, avanzaron con tensa calma al encuentro. Assin, portaba el estandarte real mientras que uno de los consejeros el de la columna miedo. Los corceles mostraban intranquilidad al oler los vientos de guerra que soplaban famélicos en el inmenso llano, enorme descampado entre muralla y colina destinado a ser escenario de la decisiva batalla.
Hace décadas nos encontramos casi en la misma situación, aunque vos estabais a mi lado, no enfrente como ahora.—En tono grave para descabalgar.
Cabellos largos con mechones cana y crecida barba a juego, el duque Dorth, mostraba varias cicatrices que deformaban su rostro dándole temible aspecto. Desenvainó clavando el acero en la tierra, siguiendo tradición, para sentarse en la misma a la espera que su adverso igual le imitase, como así fue.
Un joven muchacho de apenas veinte años, intentaba dominar su nervioso corcel sujetando el estandarte traidor; su yelmo escondía identidad, aunque su quehacer evidenciaba novato asustado y deseoso por no entablar batalla. Al menos es lo que dedujo Assin desde la corta distancia.
Nos engañan, Lobo. Andamos hasta el bastión del Llano desprotegida la frontera, a merced del señor de la guerra. Puede que hoy le toque a vos morir, la evidencia así lo dicta; pero esta locura cobrará mañana mi alma cuando Gorín inicie la invasión.
Entonces, mi viejo amigo, hay solución razonada. Regresad a vuestro ducado y velad por el interés del reino.—Tentó el astuto general.
Es lo que pretendo, aun en parte. El enemigo anda dividido cual serpiente venenosa de dos cabezas. Tizno Tizón, el glorioso conde, camina por las llamas del infierno en su errada visión de los presentes. Gorín y el insurrecto son carne y uña, dejando a las claras su paupérrimo papel secundario. Intenta aprovechar los vientos favorables para alcanzar buen puerto sin ver más allá de su propia nariz. Creed lo que os digo, valeroso general. Esta contienda solo debilitará nuestras fuerzas mellando ejércitos, derribando murallas, una mera treta de quien ansía desmesurado el trono del imperio del recién nombrado emperador, Gorín. Representamos ciegos alienados por honores vanos, amigo mío, el peligro subyace en nuestra propia corte desde que Godofredo alcanzara el poder como lo alcanzó.
Si fuere así. Decidme: ¿Cómo habéis podido reunir tan vasto ejército? Sospecho que lleváis meses preparando lo que va tener lugar, Dorth.
¡Abrid los ojos! Pensad. ¿Quién andaría intranquilo frente a esta hecatombe orquestada?—Acercando su tétrica cara al general Lobo.—Desde siempre nuestro reino obró cual tierra que distanciaba ambos imperios. Godín por el norte y las fuerzas del Sultán por el sur. Y el Sultán ve clara la amenaza que se cierne sobre nosotros, para seguidamente, adentrarse al grito de sangre y honor en sus tierras. Él, y no Tizno Tizón, procuró mis efectivos y máquinas de guerra.
Vuestra historia carece de credibilidad, ¿por qué los musulmanes se implicarían en contienda ajena?
¡¡¡Porque no es ajena a ellos!!!—Encolerizado y golpeando la hierva con ambos puños.—Mientras nos matamos en la batalla, ¿dónde está su amada meretriz de cabellos cobrizos? Esa ramera que pretende lo que el padre del rey Godofredo fue incapaz con todas y cada una de sus inertes contiendas... Rendid la plaza y uniros a mi ejército. No correrá la sangre de nuestros hermanos, general; nos encaminaremos a la capital del reino y vos, con vuestra columna miedo, regresaréis al Serrado para proteger la frontera. En cuando a Silvyna, interceptaré su ejército acabando con la hechicera.
¡Divagáis! La señora carece de ejército, todos los efectivos afines en este lado del río están concentrados en el bastión.
Sois vos quien baila al son palmas de la barragana, igual que hizo el rey. La princesa del imperio del norte intenta asaltar el trono de Gorín... Nuestro enfrentamiento es distracción para que las fuerzas del señor de la guerra comiencen la invasión desprotegidos sus bastiones. Abrid los ojos, general. Entablad batalla con mis afines es sucumbir al infernal plan de la fulana, la cual, abandonó al propio Godofredo en la Alta, dejándolo a merced del loco Tizón. Seguro que la cabeza del rey está expuesta en la plazoleta clavada en pica y a la vista de todos. Mientras el conde dejó de ser conde para convertirse en el nuevo monarca, el rey Tizón.
Sangre y honor, Dorth.—Soltó avizorando la mirada del insurrecto y su extraña historia.
Que así sea, sangre y honor.
Regresaron al bastión quedando el capitán Assin con los efectivos de la columna del miedo encuadrados en doble fila y armados con alabardas, mientras el general se encaminó al balcón presidencial junto al duque Duplóh con el fin de avistar los movimientos del enemigo, dijo:
Que suene el cuerno de batalla.
Sonó impregnando el ambiente y avisando a sus efectivos que comenzaba la contienda. Adelha, partió con sus tropas adentrándose en la ciudad hasta alcanzar el borde río, para seguirlo hasta el extremo oeste donde dejaron los corceles y continuaron a pie bordeando por el exterior la muralla. Rigodón, desenvainó la “embelesada” a lomos de su recio corcel insuflando valor a la caballería en las entrañas del bastión, las catapultas andaban dispuestas para lanzar las bolas de fuego destructor, a la espera de la orden directa del duque Duplóh.
En el horizonte, comenzaron los movimientos militares del enemigo, como sospechaban, la caballería pesada insurrecta formó esperando orden de carga; entretanto se armaban más de treinta catapultas, las que siempre comenzaban el baile de muerte en el llano maldito, al menos, ese sería inequívocamente su fatídico destino inminente.
Cuando atisbó a varios soldados insurgentes bandeando estandartes de cara a las murallas, el general Lobo no entendía a que se debía aquella extraña señal que le dedicaban...
Puede que quieran rendirse.—Airado en tono agudo le dijo Duplóh.
No, nada de eso. Dorth no rendirá acero, es bravo estratega. Algo escapa de nuestra visión, duque; pero, ¿qué?
El invertido retrocedió colándose en la sala de armas hasta alcanzar un viejo baúl que descansaba en un rincón del habitáculo, lo abrió animoso sacando de sus entrañas un húmedo y pestilente saco para regresarse junto al general.
Puede que esconda baza que no sospechara la señora, o puede que solo pretenda que nos preguntemos que diantres pretende.
Si la señora estuviese aquí nos sacaría de dudas, señor. Seguro que ella encontraría la respuesta en un abrir y cerrar de ojos.—Comentó desde las espaldas del viejo estratega, el cual, no apartó mirada del frente en ningún momento.
Entretanto, la valiosa Adelha advirtió extraños movimientos en la orilla adversa del río, allá en la senda que conducía a la capital del reino, deteniendo su progreso por el exterior de las murallas cuando descubrió el avanzar de la infantería real bajo el estandarte del conde.
Informad de inmediato al general, somos víctimas de encerrona.—Ordenó a uno de sus soldados que quedó paralizado, sin apartar mirada de la bella.—¿No habéis oído?
Todos los efectivos cercanos a la amazona desenvainaron reduciéndola, maniatando sus manos a la espalda.
Avisad al duque.
Sí, señor.
Duplóh continuaba con su verborrea en el palco presidencial del bastión.
Verá, mi buen amigo, ella vino hace semanas, un par de lunas, quizás. Me instó de la inminente insurrección dando mi palabra de mi adicta posición para con la corona del santo y sagrado rey Godofredo.—Enredando Duplóh de nuevo con su cansina oratoria.—Le pregunté cómo debíamos obrar ante imprevisto, rogándole que se quedara en la guarnición. Insistió en que no podía complacerme al desear corroborar hasta donde llegaba la insurrección, viajando a los feudos del sur, creo recordar. Aunque mi locuaz oratoria la convenció quedándose en el bastión del llano.
Lobo desvió su mirada del horizonte para mirar sorprendido al duque.
¿Dónde está la señora?
Le encantaría consultarla. ¿Verdad?
La caballería pesada comenzó avance hacia las murallas en extraña maniobra suicida, ya que la lógica mandaba disparar las catapultas sobre las murallas intentando abrir brecha.
¡Mi señor! Carga la caballería del duque.—Voceó vigía.
¡Preparad las catapultas! ¡Comienza el baile! ¡Caballería real, preparaos para la carga!—Alentó el gigante entre gozo casi infantil frente al infierno que se avecinaba, cuando observó que varios soldados cerraban las puertas dejando desprotegida a la columna miedo.—¿Qué hacéis? Abrid el portón de inmediato.
Varios jinetes apuntaron con sus lanzas largas al noble Rigodón inmovilizándole en el centro, para obligar que descabalgara siendo engrilletado y conducido a los calabozos del bastión.
Duplóh, sacó una cabeza decapitada del húmedo saco agarrándola por los cobrizos cabellos, para mostrarla al general.
Preguntadle, pues, mi señor. Como podéis apreciar todavía conserva cabeza, aunque su piel perdió tersidad, ¿no sé por qué?
Segundo sobrara al agarrar acero que desenvainó cuando el sarasa dejó caer la cabeza de la hermosa Silvyna, mostrando filo mucho antes de que aterrizase en el suelo. No le dio tiempo para más, una lluvia de flechas impactaron en el cuerpo del viejo estratega que sucumbió moribundo quedando arrodillado, a merced del traidor enmascarado ahora sin máscara.
Como os dije, me hubiere encantado culminar nuestra relación romántica allá en los Almos, aunque me queda la consolación de culminarla...— Agarrando la empuñadura de su acero con las dos manos.— Ahora.
La cabeza del viejo general Lobo de guerra acompañó a la de la princesa del imperio del norte.
Únicamente el bravo capitán Assin consiguió escapar junto a poco más de cincuenta hombres de la encerrona, cabalgando primero hacia las densas montañas del este. El resto de sus efectivos fueron masacrados por la temible caballería pesada del duque Dorth.
El rey Tizno Tizón entró con su guardia real en la sala de armas encontrándose con su incondicional Duplóh, que le informó.
¿Y el hijo del Marqués?
Lamentablemente, alteza, escapó con un reducido grupo de adeptos hacia el este.
Ambos, desde el balcón presidencial, observaron como los más de mil componentes de la afamada caballería pesada del duque entraban en el bastión. Distinguiendo a lo lejos, entre el vasto ejército de Dorth y las murallas, un afanado jinete que cabalgaba hacia su posición.
Traedme la hora nueva del mensajero, Duque.—Con déspota entonación elitista.—O mejor dicho, general Duplóh.
Acomodado en el trono de la sala principal, el emisario del ejército de Dorth, caminó portando una caja rectangular de madera, la cual, posó delicado a los pies del nuevo monarca.
¿Qué significa esto?
Alteza.—Reverenciando dominado por puro terror.—Es un mensaje de mi señor para vos.
Tizno, abandonó el engalanado trono sonriente, pletórico tras culminar su astuto plan insurrecto, para agarrar la madera que zarandeó escuchando.
No esperaba presente, señores.—Bromeó brotando condescendientes risas de los allí presentes.
Abrió la caja una vez acomodado de nuevo en el trono cambiando su rostro radical, dentro, con un pergamino entre los inertes labios, la cabeza decapitada de Dorth.
Lanzó la caja enojado tras capturar el mensaje que abrió molesto para leer en voz alta.
¡¡¡Sangre y honor!!! Abuelo, la traición a la corona conlleva la pena de muerte. Firmado, el conde de Tizón, Tierno Tizón.
Permaneció durante varios minutos observando las inexpugnables murallas del llano junto a su inseparable consejero, Mohamed, guerrero musulmán que adiestro al joven Tierno Tizón durante los últimos cinco años. A sus pies, el cuerpo sin vida de quien fuere su señor.
¿Cuántas posibilidades tenemos?
Tantas como tiene nuestro enemigo, majestad.—Contestó el aguerrido guerrero reverenciando.—Las fuerzas del Sultán llegarán pronto.


La insurrección se alza con la victoria. Rigodón y Adelha prisioneros. El viejo general lobo y la princesa del imperio nórdico, decapitados al igual que el rey Godofredo y el insurrecto Dorth. Sólo la insospechada ambición del nieto del actual monarca aliado con el Sultán, parece única fuerza frente a los insurrectos y su despiadado aliado, Gorín, el señor de la guerra.
El capitán Assin, valeroso guerrero adoctrinado por los mejores, intentará rescatar a sus aliados aprovechando la dilatada batalla que se avecina en el Llano, mientras un ingente ejército liderado por los generales de Godín, se aposta en la frontera norte del reino.
Para el epílogo 2º (capítulo 11º) se alinean las fuerzas de uno y otro mando en lo que ya es una guerra abierta entre los imperios; por un lado el Sultán y su pretensión de proteger a su pueblo del bárbaro norteño, y por otro, Gorín y su insaciable sed de conquista... Dentro de pocas semanas comenzamos el epílogo 2º El reino esmeralda (capítulo 11º)
Entretanto, nuevos capítulos de la saga, El falso maqui, inspirada en los albores y posterior guerra civil española. Recuerda ser feliz siempre, no te pongas escusas. Un saludo sincero y gracias por leer mi humilde literatura, ya sabéis, la que solo pretende entretener.