viernes, 27 de mayo de 2016

CHURUMBELES

CHURUMBELES por Dadelhos Pérez

Fragancia conquista cuando cerro vences, cruzando primero los secanos llanos con escasa arboleda desperdigada en manto oro, alcanzando el riachuelo que muerte enseña pues vida no alberga ni albergara durante los durante, allá, en el rincón que olvida tras ser olvidado por las modernidades fugaces que mueren frente a novedosas. Esas modas que nada ilustran al son que desvalijan conscientes a adeptos inconscientes que se persiguen constantes con el afán de ser quien realmente son tras interpretar lo que nunca fueron, ni serán.
Te hablo de tierras puras, vírgenes dominantes entre valles arrogantes cual guardianes de la bazofia modernista. En ellas cohabitan sentidos muertos en las selvas de asfalto, los mismos que saben de su existencia a través de novelas, prosas, cuentos u odas; inspiradas en terreno desolado en cuanto a la mano destructiva del hombre ciudad. Lo puro siempre retoña de lo acrisolado en su linaje nítido e inequívoco, cualquier otra cosa es mero sucedáneo.
La humanidad insiste en alejarse de la natura que cabezona se pronuncia, copiando a madre preocupada frente al desmán adolescente de su niño pretendiendo ser adulto. Embocando pitillo veneno y soltando tacos prepotente al creerse poseedor de la verdad única, esa falaz que nos conduce por el laberinto tóxico hasta convertirnos en adultos responsables. Otra tontería que resta frente a la verdadera pretensión de la existencia que se concentra en aquello que menos atención prestamos, pese a ser meros prestados sobre la faz de nuestra madre tierra por ser finitos, errantes, de paso.
¿Y te preguntarás a qué viene toda esta monserga idealista y descafeinada? Sobre todo cuando se podría resumir en parca frase con cierto tinte vilipendio que obvia descarado lo dúctil, escapando de lo correcto por ser, de hecho, todo lo contrario... Pues bien, la respuesta es tan sencilla o más que la cuestión si nos atenemos al núcleo primario que nos hace ser lo que somos (…) Buscadores incansables de nosotros mismos, igualito que el entregado, el esclavo de modas que cambia de peinado cada semana, luciendo estridentes colores imposibles que lo convierten en escaparate allá por donde va...


Papá, no hace falta que des tanto rodeo para decirme que no te mola mi estilo. Soy un “Churumbel” te guste o no. Me encanta la música Churumbeles, su estilo de vida, entre nosotros nos tratamos como hermanos alejados de la mierda social. Soy parte de una tribu pura que sigue a pies puntilla ideario...


¿Qué ideario? ¿Salir todos los días de farra? ¿Coger cogorza tras cogorza o sisar tantos céntimos como puedas de mi cartera? Llegará mañana, hijo, es algo que siempre te alcanza hagas lo que hagas, creas en lo que creas. Anochece y albea consumiendo el que ahora eres para despertarte una mañana y encontrarte frente al espejo con un churumbel de cincuenta tacos tachado de retro y solo, sin tu ahora flamante grupo del que muy pocos quedarán para recordar la tonta época cuando estabais de moda, cuando os sentisteis alguien acudiendo a los conciertos sufragados por vuestros padres que ya no estarán... Puedes ser un Churumbel dentro de los Churumbeles sin dejar de lado esa otra moda que nació y morirá contigo...


¿A qué te refieres, qué moda?


Tú mismo, hijo, tu universo... De ti depende como de mí dependió cuando era un descarado Heavy de greñas indomables que agitaba la cabeza atiborrado de cerveza y con el porro entre los resecos labios... Al menos piénsalo, date una oportunidad. Creo que no pido demasiado.


Uno es parte de algo siempre, papá. No una moda.


Valora esto, hijo; si naces y mueres solo: ¿A qué grupo perteneces? La vida es lección tras lección sin más pretensión que impartir la siguiente que engendra la que vendrá, sin tener en cuenta esos fugaces grupos accidentales que convergen en parca centésima condenada al recuerdo, información vana o rentable dependiendo del alumno, de ti mismo. Incluso la familia es efímera, un pacto que puede derrumbarse en cualquier momento por la evidencia de que cada individuo es una moda pasajera, tanto, como la misma vida entregada a la muerte desde la concepción que la lanzó al tétrico mundo desconocido y hostil. Aprender, aprenderte para morir sabiendo quien eres, nunca quien pudiste ser o quien pretendiste para hacerlo sin remordimientos ni pesares. Haz lo que creas si realmente lo crees, hijo. Sólo soy tu padre, simplemente eso, ni más, ni menos.


De acuerdo, viejo. Me voy a la plaza, dame cincuenta euros para pipas.




¿FIN?
® Dadelhos Pérez