lunes, 16 de mayo de 2016

Inspiración cineasta, mil perdones, jejeje

SEMINARIO DE UN GILIPOLLAS por Dadelhos Pérez
Acto primero: “El estúpido encuentro”
Hace un día pachucho que merma paciencia e incluso encoleriza alma, menos mal que por fin encontré un trabajo hecho a mi medida, recepcionista de finca. Más conocido como portero. El sueldo no es gran cosa pero me ceden el diminuto ático y solo tengo que limpiar la escalera por las mañanas y pasar el resto del día sentado tras la mesa, eso sí, leyendo el periódico y hablando con algún que otro vecino. Una vida de reyes… Mira, anda, ya viene el cartero.
Buenos días.
Algo tristón pero bueno lo tenga.
¿Me ha llamado tristón?
Me refería al día, caballero. No osaría llamar tristón a cualquier desconocido, sabe, al menos hasta dentro de un par de semanas cuando nos conozcamos más y tercie confianza.
Traigo un paquete para el señor Gómez Salado, portero.
Trae un carrito lleno de paquetes y cartas, pero no me haga caso, es la felicidad que rebosa en mí por conseguir este puesto tan importante. Y no me llamo portero, cartero, deje que me presente como es debido, si debiera, algo que dejé de hacer en el momento que liquidé la hipoteca que me tenía embrosquilado, más turbado, entre agobios (…) Gélidos sudores y tembleques me invadían frente al momento dispendio que jamás me relajó…
Puede que necesite un encuentro esporádico, señor portero.
¿Esporádico?, de eso nada, siempre llegaba a su hora, sin retardo. Puntual.
Menudo dominio masturbador tiene usted, y ese desparpajo para contarlo sin tapujos.
Bueno, no es un secreto; todo el mundo anda hipotecado en asfixia que no deja vivir.
Pero da gustito cuando despunta cual volcán y reduce tensiones.
¿Qué tensiones?
Las de la carne, de lo que estamos hablando.
Le hablo de tensiones bajo presiones que afectan al bolsillo, amigo.
¿Pagaba por masturbarse?
Pagaba más turbado, caballero, a desgana igual que el resto de la gente. Pero liquidé la deuda hace poco menos de un mes y desde entonces vivo en la gloria. Sin turbaciones y con María Bolso, mi fiel princesa.
Creo que no le sigo, amigo. ¿Estamos hablando de sus masturbaciones de pago con María la del bolso?
Es usted un poco animal, ¿no cree? Le comento mi liberación, escuche atento, dineraria y Mari Bolso es mi pareja, no Mari con bolso.
Bueno, es una extraña forma de salir del armario, pero sepa que lo respeto.
¿De qué armario?
De la liberación dineraria con su pareja Maricón Bolso, que supongo será un mote.
¿Es usted gilipollas o se cayó de la cuna cuando era un bebé? Le explicaba que no debo un céntimo al banco y vivo feliz con mi pareja María Bolso, nada de pajas pagando cuartos y viviendo esa invención suya… Ande, deme el paquete de Salado y rubricaré aquí mismo.
Mi paquete salado es propiedad de mi mujer, está claro. No le permito que lubrique mis nobles partes. Respeto sus rarezas que luego dice que no lo son terminando en propuesta deshonesta con la intención de lubricarme agarrando salado mi paquete, señor.
¿Nos hemos vuelto gilipollas? Creo que tiene extraña fijación con el sexo, cartero, debería hacérselo mirar.
Pacharán a granel y que corra viento frente al vilipendio que comenzara inocente con confusión vuelta penumbra. De lo simple a lo estrambótico cuesta confundir palabra precisa en frase correcta aterrizando en lo vil mencionado. Un nuevo experimento del experimentador afanoso en esta aletargada búsqueda de nuevas fórmulas literarias, más o menos turbado que los ceporros de la historieta sin sentido.
¿Qué esperabais titulándose como se titula? Jejejeje, es broma inocente del culpable de estas mismas letras que estás leyendo… Sólo añadir un hasta luego o hasta los siempre cercanos, pues para siempre se interpreta cuan despedida sin regreso. Y este no piensa ausentarse de la nube durante tanto aun no estando el tiempo que me gustaría. Por lo tanto, espero nos leamos más pronto que tarde, hasta entonces (…) hasta ahora.