EN LA CALLE PRINCIPAL

En la calle principal

Cierto que como punto centro roza lindes lógicos y esos otros disparatados al pulular ingentes almas en toda su gama existencia tan magnánima. Tiendas de ropas marca, baturrillo oriental, restaurantes de moda y pega. Cabida desmesurada donde se explaya la gente entre turismo y necesidad; puesto esta última es la que me ocupa, impávido, decidido y con todo el descaro que me proporciona teclear pariendo letras desde el anonimato falaz de mi humilde estudio. Sin más preámbulo, procedo inmediato al descalabro que raja la bolsa ideario de la sociedad ideada, escudriñando entretelas donde anidan olvidados que recordamos cuando la tinta prensa hace referencia enmarcando aciago pasaje tercermundista. En este caso, don Pablo; cuarentón desdentado que labró futuro en la bendita construcción de los años burbuja consiguiendo el premio gordo del desahucio físico y moral. Para acabar mendigando a las puertas del supermercado elitista con vaso reclamo de plástico y mirada perdida, donde a duras penas cosecha euro escaso que procure el insuficiente papo. Hasta que decidió incitar suerte echando primitiva a tientas de que hacerlo resultaba pasar día sin pan, que pese a imposibles, atinó pleno. A veces cantan las musas en escenario tétrico rescatando condenado e impartiendo algo de justicia, aun tardía.
A todo esto, su primera compra resultó exagerada bajo el prisma de los muchos testigos, viendo la comparsa de carritos compra atiborrados con todo tipo de comestibles, los cuales, compartió con sus hermanos podredumbre en plena calle principal, sin atender a los representantes bancarios insistiendo igual que insistiera en sepulcro silencio con vaso en mano a las puertas del supermercado día tras día. A lo que les respondió invitándoles a la comilona siempre y cuando se quitasen el traje falaz mostrando su auténtica naturaleza. Si esto mismo lo hubiera dicho en sus días infierno lo tacharían como lo tacharon, loco muerto de hambre. Pero en su relucir millonario titula la prensa: La suerte sonríe al filósofo... Que cosas tiene el papel moneda, ¿verdad?



®Dadelhos Pérez