lunes, 25 de julio de 2016

De inmediato

De inmediato:


La conquista es clara que ofusca, mientras danza la cortina cortejada por el viento que trae y lleva, que acaricia o golpea; tan dado en el necesitado segundo que angustia impera, para sentir de sus invisibles manos que la soledad no es tal estando incrustado en el metódico recuerdo. Pues recordando me acordé sin remisiones o excusas escapando por la puerta de mis locuras y amaneciendo en el plano realidad. Un absurdo más de loco venido a menos.
Puede que se pregunte a que viene tanta palabrería que amaga, copiando el amago que pretendo desde la falsa serenidad que intento mostrar esperanzado. Breve es la contesta que encierra océanos multiplicados por idénticos, mermados en aras de sueños capaces de poner rostro a la nada e incluso hablarla respondiendo. Puesto antes fuera lo que pensé, y posteriormente el sentimiento necesario; para arrodillarme frente a la que ferviente cohabita en mi perdida cabeza cual diva del no sé qué. Con sabor que difiere de tantos que pululan cerca de la vista y alejados del paladar siempre salivado.
Lo cierto marea, resta y suma, niega y acepta, chocando en el ingente indigente predominante tanto como recurrente que ensayé durante horas frente al espejo prestado y desmejorado, al mostrarme loco inofensivo e indefenso con tez delirio y brillada en lumbreras, repitiendo con tonalidades ficticias cómo pedir sin ofender, como ronronear súplica en plano sincero para esquivar equívocos posibles. Con la necesidad de quien desea y no llega pese a tenerlo al alcance de la mano.
―Me parece cojonudo, amigo. Pero ¿qué desea? ¿Quizás un café del tiempo? Ya sabe, ni frío ni caliente, entre taza o vaso, con azúcar o sacarina; leche, sin leche, descafeinado o nervioso. Tengo todos los hervidos contradictorios que contradicen al servirse convergiendo en el paladar. Un lujo al alcance de todos aun sin estar reconocido por la mayoría que llega, pide, traga y se va camina animoso… Usted dirá.
La verdad suele presentarse parca después de entradilla, no quiero un café de mentira, ni el azúcar sucedáneo, ni lo gélido acalorado; ni siquiera pensar en tazas o vasos. No casa para nada con mi postura que rompe moldura alcanzando la meta aun sin cruzarla. Por la dicha desgraciada de tener cinco bolsillos a lo largo y ancho de mis vestiduras aun repletos de nada. Por compasión desanimada por mi ánimo fugado en animadversión frente a ruego limosna, ¿me serviría vaso de agua fría, sin gas ni botella?, del grifo estaría bien, vamos, sería perfecta.
―Bueno, lento; muy lento pero vamos llegando. Quiere decir que está canino y no puede pagar, ¿verdad?
Puede comprobar lo que el resto rehúye mirando hacia cualquier lugar en su afán por ignorarme, que soy propietario de la casa calle, viviendo en portal, en plaza o parque; en el desespero que conduce a la sinrazón desentendiendo la mecánica social que en algún momento comprendiera (…) Dicho de otra manera, un elegante aun mal oliente vagabundo podredumbre con hambre y sed o con sed y hambre; diga como dijese sin que dijera cómo es, por padecerlo en la soledad invisible e invidente cual ente maldecido.
―Tranquilícese, buen orador. Le cederé tanto bebida como comida a cambio de que firme contrato laboral y dispense al personal a partir de mañana.
¿Mañana? Mañana será otro día, buen barman; es universo que puede albear perverso secuestrando mi alma, ya que mi cuerpo de nada o poco podría valer. Aceptaré el manjar y firmaré el trato si me pongo en el asunto al terminar de zampar, dentro de un rato. En la inmediata necesidad que me domina descarada, y consciente que esta oportunidad no volverá a presentarse mañana.


® Dadelhos Pérez