viernes, 2 de septiembre de 2016

¿POSTERGUÉIS?

¿POSTERGUÉIS?


Zumbó la caña con verborrea cuando convenciera nutrido grupo para reunirse en la abandonada casa de las afueras, al título tenebroso tanto como personal con el que bautizó el desmán alucinógeno que es el mismo que rotula esta locura. Y no es broma, así lo llamó al no saber ni papa de inglés, “Posterguéis”
Cinco valientes y tres bailarinas unieron la rima del posible encuentro, colocando la guija macabra en el centro de la sala polvorienta, encendieron velas naranja, rojas algo rosadas, verdes gruesas y pálidas delgadas; sombreando la estancia más que iluminándola mientras moría el crepúsculo y nacía la noche señalada en calendarios oscuros, según leyeron en el obeso libro maldito o vieran en película de tercera, no estaban seguros.
Arrogante se vistió con bata penumbra acorde al siniestro pretendido bajo acuerdos discernidos entre copas y risas días antes, mandando callar con prisas ante su inminente parla, aunque antes tosió rompiendo la magia, todo hay que decirlo sin omitir comas o puntos para quedar honesto frente a lo que fue. Confesando de antemano que hechos paranormales tuvieron lugar, sin duda…
¡Satán!— Gritó ensimismado aunque algo mermado por culpa del constipado que no superaba, tosiendo de nuevo y— ¡Satán! Te invoco en nombre de… Un momento, creo que esto que habéis escrito no está bien, es como ordenar al jefe de estado en nombre del portero de mi finca. ¿Cómo vamos a invocar al dueño del averno en nombre de Belcebú? Esto es ridículo, y lo digo con todas las de la ley. Debería ser en nombre de diablo de más alcurnia, en estos momentos no se me ocurre ninguno pero haberlos los hay.
¿Estás tiquismiquis? Es lo que pone en el libro de la biblioteca y lo pone bien claro: Para invocar de boca al maligno del averno, hay que hacerlo en nombre de Belcebú. Si te quedas más tranquilo echamos otro vistazo ya que me lo llevé prestado, sin querer. Vamos, no sé cómo carajo llegó a mi bolsa.
Pues ojeemos y cercioremos no sea que en vez del maligno invoquemos al malito y de nada nos sirva.
Reunión de infernales torpes siderales en el rincón donde estaba el único ventanal del salón, quedando ellas, las tres bailarinas con minifalda y bota tacón, media encaje, morro colorado y pechos empinados por sus ganas de diversión. En el hastío del aburrimiento ante tanto insustancial que alejaba lo prometido, una sesión espiritista dirigida por artista en atuendo macabro y final explosivo. A lo que ellas entendieron alcohol y sexo, que de momento, quedaba en discusión arrinconada y entorno al libro abierto en canal. Para leerle en voz alta al tiquismiquis…
Para invocar de boca al maligno hay que hacerlo en nombre de Belcebú, ¡lo ves! Pero sigo…—Buscando candil para distinguir las letras, se sentó cerca de vela prosiguiendo—… Es redundar en parca consistencia del anhelo negado (…) Esto suena un poco raro, pero sigo (…) Negando lo que claman adentros convertidos en avernos por no tenerla cerca, mi reina. Mi diosa, encanto que clamo en silencio cobardía…
¡Menuda mierda de satanismo! ¿Qué coño lees?—Enojado el tiquismiquis que ya no lo era tanto.
Deja que continúe —Requirió una de ellas acercándose a la vera del lector como las otras. — Sigue, es hermoso.
—… Por no hablaros de los sentires que vos despertáis en mí. Si tuviese el coraje de agarrar tierno vuestras manos hincando rodilla, brotando oda sincera que implora llena por formar parte indivisible de vos tanto como vos ya lo sois de quien os habla…
Pasó toda la velada leyendo el obeso libro mientras sus maléficos oyentes satánicos sucumbieron a la belleza prosa literaria, reinando el extraño fenómeno paranormal cuando descubrieron y ensoñaron los delirios amartelados de dos enamorados con final feliz.
¿Cómo se llama el libro, posterguéis?— Preguntó el tiquismiquis tras la última frase leída a la par que albeaba, con gesto emocionado, mirada humedecida.
Se titula, no posterguéis mi llanto.


®Dadelhos Pérez